La canción We Didn't Start the Fire, de Billy Joel, menciona una interminable sucesión de personajes, acontecimientos y lugares históricos. Su idea central es que el caos, las crisis y también los legados del mundo no comenzaron con nuestra generación. Simplemente heredamos un fuego que ya estaba encendido y, de algún modo, intentamos mantenerlo vivo.
Quienes ya hemos superado los sesenta años y sentimos una particular pasión por la aviación, encontramos refugio, conocimiento e inspiración en las páginas de la Revista Nacional de Aeronáutica, luego devenida en aeroespacio.
Sin embargo, más allá de su contenido, hubo un aspecto de aquellas publicaciones que logró trascender el paso del tiempo: Las láminas centrales. Aun cuando han transcurrido más de cuatro décadas, algunas de ellas continúan ocupando un lugar especial en la memoria de quienes tuvimos la oportunidad de conocerlas.
Algunos nombres desaparecen de los registros, pero sus obras permanecen, siguen hablando y continúan inspirando a quienes descubren en ellas una forma de expresión. Hoy resulta oportuno rescatar la figura de un talentoso ilustrador que, desde las páginas de Aeroespacio, supo transmitir técnica y estilo, dejando una influencia que trascendió.
Jorge Marcelo Rodríguez Argañaraz durante décadas plasmó su arte en esas páginas centrales. Sus trabajos se caracterizaron por el cuidado detalle técnico y una notable fidelidad histórica. En el reverso de cada lámina, los datos y aspectos técnicos de las aeronaves ilustradas completaban una obra que iba mucho más allá de una simple representación gráfica.
Al indagar sobre su trayectoria, resulta inevitable comprobar cómo el paso del tiempo puede hacer que alguien se pierda lentamente en el anonimato. Por fortuna, su impecable labor permanece.
Jorge Di Paolo, por entonces jefe de Redacción de Aeroespacio, recuerda la meticulosidad de los cálculos que Rodríguez Argañaraz realizaba para alcanzar la perfección de cada trabajo. También evoca sus escapadas a Santiago del Estero. Rememorando que su vida finalmente se apagó durante la década de 1980.
Parte de sus originales se conserva en el Círculo de la Fuerza Aérea Argentina y, por supuesto, en la Biblioteca Nacional de Aeronáutica, ambas instituciones ubicadas en Paraguay 748, en la ciudad de Buenos Aires.
En una época en la que la ilustración aeronáutica requería paciencia, precisión y un profundo conocimiento del tema. Cuando las herramientas digitales aún pertenecían al futuro, sus dibujos se transformaron en una referencia para numerosos entusiastas de la aviación.
Aquellas láminas que acompañaban a Aeroespacio no solo informaban. También alimentaban la imaginación de quienes descubrían en ellas la historia, la tecnología y la belleza del vuelo.
Puede decirse que el trabajo de Jorge M. Rodríguez Argañaraz fue una de las chispas que ayudaron a encender ese fuego. Un fuego que, con el paso del tiempo, continuaron alimentando otros nombres como Sergio Hulaczuk y sus fichas técnicas, Pablo Cepero, Jorge Figari, Ángel Bertogna, Christian “Billy” Zambruno, Gonzalo Carballo, Javier Ruberto, Carlos García, Sebastián Acosta y tantos más. Por supuesto, la obra pictórica de Exequiel Martínez y los recordados trípticos de Carlos Boisen, autor cuya producción cuenta con un espacio propio en Roll Out.
Sus láminas centrasles de Aeroespacio dejaron un registro gráfico de enorme valor documental, recorriendo buena parte de la historia aeronáutica argentina e internacional. Desde la representación del mítico Bleriot XI, pasando por los Gloster Meteor de la Fuerza Aérea Argentina, los Douglas A-4 Skyhawk y los Mirage III, aeronaves menos difundidas, sin olvidar a los protagonistas de la Guerra del Atlántico Sur y a grandes exponentes de la aviación militar mundial.
De algún modo, las obras de Jorge M. Rodríguez Argañaraz trascendieron la función de una simple ilustración. Fueron aquellas primeras chispas que iluminaron el camino de quienes aprendimos a mirar el cielo con curiosidad y admiración.
El fuego no comenzó con nosotros. Simplemente tuvimos la fortuna de recibirlo encendido.
El fuego no comenzó con nosotros. Simplemente tuvimos la fortuna de recibirlo encendido.
Las imágenes que acompañan esta nota reúnen las láminas de Jorge M. Rodríguez Argañaraz a las que he podido acceder. Su producción fue mucho más extensa y sería interesante algún día poder reunirla en una muestra, para reencontrarnos con aquellas obras o bien acercarlas a quienes aún no las conocen.
Carlos Abella.
Agradecimientos: Esteban Lerín, Walter Marcelo Bentancor, Gonzalo Carballo, Christian Rumachella, & Jorge Di Paolo


