En 1978, la Argentina atravesaba un año de cambios y contradicciones. Mientras el país se preparaba para organizar la Copa Mundial de Fútbol de 1978, el Estado realizaba fuertes inversiones en infraestructura con la intención de proyectar al mundo una imagen de modernidad. Era un gesto audaz si se tiene en cuenta la compleja realidad política y social que atravesaba la nación. La modernización, más que un lujo, se percibía como un paliativo frente a la incertidumbre de esos días, una manera singular de mostrar que el país podía avanzar a pesar de las tensiones internas.
En paralelo, el sistema aerocomercial nacional atravesaba un proceso de redefinición. Austral Líneas Aéreas se desenvolvía en un entorno altamente competitivo y debía sostener su posición frente a un mercado exigente. En ese contexto, la compañía comenzaba a transitar un proceso de renovación de flota que ya había anunciado públicamente con la incorporación de aeronaves McDonnell Douglas DC-9-51, cuya llegada efectiva se concretaría en Dic78, siendo presentadas en una ceremonia en el Aeroparque Jorge Newbery. Esta incorporación fue acompañada por una estrategia de comunicación específica, sintetizada en el lema: “La nueva forma de volar DC-9”.
No se trataba solo de modernizar aviones: también era necesario consolidar una imagen corporativa coherente. Austral ya contaba con una marca definida desde la etapa de unificación de ALA y Austral, pero su aplicación visual presentaba variaciones según tipos de aeronaves, talleres de pintura y etapas de mantenimiento. La necesidad de estandarizar esa identidad se volvió un objetivo central hacia fines de la década.
En tal sentido, para el rediseño de su imagen se convocó a Guillermo González Ruiz, arquitecto y diseñador gráfico argentino de destacada trayectoria profesional, con experiencia en estudios de diseño y en proyectos emblemáticos como el sistema de señalización de la Ciudad de Buenos Aires. Reconocido con el Premio Konex, fue también autor de diversos trabajos teóricos en el campo del diseño gráfico.
El nuevo esquema introdujo una estética de gran claridad visual, conformada por un fuselaje blanco atravesado por dos líneas longitudinales en rojo y azul que, al cruzarse en la sección delantera, sugerían la forma de las letras “AU”. Estas líneas se extendían hacia la deriva vertical, donde ganaban presencia y reforzaban la identidad de la compañía. El resultado fue una imagen sobria, moderna y fácilmente reconocible, alineada con las tendencias internacionales de diseño aeronáutico de fines de los años setenta.
Los títulos de la empresa, emplazados por encima de la línea de las ventanillas a continuación de la parte superior del logotipo, se dispusieron inicialmente en color gris. Posteriormente, como consecuencia de los efectos del sol, tendían a despintarse, por lo que se optó por el color negro. Una excepción fue uno de los BAC-111 420EL, el LV-IZS, que temporalmente presentó títulos en color azul.
Más allá de lo estético, el esquema respondía también a una lógica funcional. En un entorno donde la flota crecía en diversidad de tipos de aeronaves, la identidad visual debía operar como un sistema de reconocimiento inmediato en pista, en vuelo y en material publicitario. El diseño no solo debía representar a la compañía, sino hacerla legible a distancia, en movimiento y bajo condiciones operativas reales, algo cada vez más importante en la aviación comercial de la época.
La presentación del esquema tuvo lugar a fines de Abr78 y marcó el inicio de una etapa de estandarización visual, en contraste con la etapa previa, caracterizada por una mayor diversidad cromática y formal. Su desarrollo se inscribió en un contexto en el que el diseño gráfico y corporativo internacional tendía a la simplificación formal y a la construcción de identidades altamente reconocibles en movimiento.
La primera aeronave modificada se exhibió en coincidencia con la obtención de una certificación de los talleres del Aeroparque Jorge Newbery por parte de la Federal Aviation Administration. En esa circunstancia se llevó a cabo una ceremonia en la cual estuvo presente el embajador de los EE.UU., Raúl Castro, quien fue el encargado de entregar dicha certificación a Rogelio Balado, vicepresidente de Austral Líneas Aéreas.
El primer avión en exhibir públicamente la nueva imagen fue un BAC One-Eleven 521FH, matrícula LV-JNT, que aterrizó en el aeropuerto de Santa Fe el 30Abr78. Su aparición simbolizó la transición hacia una etapa en la que Austral buscaba consolidar una identidad visual homogénea y moderna dentro de su red doméstica.
El interior de las aeronaves también comenzó a renovarse bajo conceptos de confort y modernización de cabina, mediante una denominación comercial propia orientada a enfatizar la experiencia del pasajero. La influencia de corrientes de diseño aeronáutico contemporáneas, especialmente las desarrolladas en Estados Unidos, se hacía visible en la búsqueda de una identidad integral, tanto exterior como interior. En ese sentido, la cabina dejaba de ser solo un espacio funcional para convertirse en una extensión coherente de la marca. El eslogan publicitario de esta renovación sintetizaba esa intención: “Austral, la línea aérea del Confort Plus”.
El esquema se aplicó con especial naturalidad en los DC-9, cuya incorporación efectiva comenzaría a materializarse al año siguiente, aunque su llegada ya era anticipada en campañas publicitarias y medios especializados. Los BAC 111-400 fueron repintados bajo la nueva identidad corporativa, incluso aquellos que se encontraban alquilados —N5039 y N5042—, los cuales fueron devueltos al año de recibir el nuevo esquema, lo que evidencia la importancia asignada a la renovación de la imagen.
En cambio, los turbohélices en proceso de retirada no llegaron a incorporar el nuevo esquema. Tal fue el caso de los NAMC YS-11, mientras que el único Curtiss C-46 Commando aún en servicio dentro de la flota fue retirado en 1979 conservando un esquema anterior, representativo de la etapa previa a la modernización.
Aun así, el esquema presentó algunas limitaciones. En los BAC, la apertura de la puerta delantera interrumpía la lectura de las letras “AU”, afectando parcialmente la identificación visual por parte de los pasajeros. En los DC-9, en cambio, esta situación no se producía, ya que durante el embarque la composición gráfica permanecía claramente visible.
Los motores de las aeronaves también evidenciaron variaciones: mientras en los BAC se mantenían en metal natural, en los DC-9 y en los McDonnell Douglas MD-80 se adoptaron esquemas pintados con distintas combinaciones de blanco y gris, dejando sin pintura sectores específicos como tomas de aire y toberas.
En los McDonnell Douglas DC-9-51, los motores presentaban un tratamiento diferenciado dentro del esquema general: una sección central pintada de blanco, donde se aplicaban las matrículas, mientras que tanto la toma de aire en la parte frontal como la tobera de escape en la sección posterior se mantenían en metal natural. Esta resolución combinaba criterios estéticos y funcionales, respetando las particularidades constructivas del conjunto motriz.
Desde la empresa se apostó de lleno a la imagen, con una fuerte presencia publicitaria. En el centro de la ciudad de Buenos Aires se instaló un cartel de grandes proporciones que llegó a exhibir la figura de un MD-80, algo inusual para una aerolínea en el país. Asimismo, en 1979, Pedro Saiz Marimón, secretario general de la aerolínea, firmó un contrato con el club Argentinos Juniors con el fin de posicionar la marca en la camiseta del equipo. Este acuerdo permitió que Diego Maradona permaneciera un tiempo más en el club que lo vio surgir, gracias al aporte económico de varias empresas, entre ellas Austral.
Con el transcurso del tiempo, el isotipo “AU” adquirió un rol central dentro del sistema de identidad visual, extendiéndose incluso a aplicaciones interiores, como el tapizado de los asientos. El esquema cromático y gráfico experimentó ajustes progresivos y, a partir de 1982, la flota comenzó a incorporar denominaciones geográficas asociadas a los extremos australes del país. En paralelo, se introdujo la bandera argentina en la sección superior del fuselaje, reforzando el carácter identitario de la compañía. Posteriormente, el logotipo del pingüino fue objeto de una retirada gradual del sistema visual: en una primera etapa, su presencia se redujo a un rol secundario, hasta su eliminación definitiva en las aeronaves de nueva incorporación, como los MD-80 y los DC-9-32. Como excepción, el emblema se mantuvo exclusivamente en la sección de la trompa, del lado derecho, en los BAC One-Eleven, donde permaneció hasta el final de su vida operativa.
La imagen implementada en 1978 también fue aplicada a los DC-9 incorporados durante la década de 1990. Algunos de los ejemplares provenientes de Iberia presentaban, al momento de su recepción, un pequeño círculo pintado en el radomo. Este detalle comenzó a eliminarse a partir de 1995, aunque no todas las aeronaves llegaron a exhibir dicha característica.
Más allá de su función técnica y estética, el denominado “Look 78” logró instalarse en la percepción pública. Para una generación de pasajeros, aeropuertos y ciudades del interior, aquella combinación de blanco, rojo y azul dejó de ser solo un esquema corporativo para convertirse en una imagen identificable del viaje aéreo moderno. La marca trascendió a la compañía, incorporándose al imaginario cotidiano del transporte y asociándose a una idea de progreso, velocidad y conexión territorial.
El diseño permaneció en servicio durante más de dos décadas, convirtiéndose en uno de los más reconocibles de la aviación comercial argentina. Su permanencia se explica tanto por su impacto visual como por su eficiencia operativa: era un esquema fácil de aplicar, escalable a distintos tipos de aeronaves y consistente con las necesidades de una flota heterogénea en constante transformación. La imagen descripta sobrevivió a la intervención estatal, a la privatización de la empresa —en manos de Enrique Eurnekian— y a los primeros años de la gestión de Iberia. También fue la utilizada por el avión que participó en los días del Conflicto del Atlántico Sur, LV-OAX.
La última aeronave a la que se le aplicó el esquema fue el LV-WJH. Posteriormente, la imagen corporativa fue reemplazada a partir de 1995, en el contexto de la reestructuración del sistema aerocomercial argentino y la redefinición del control accionario del grupo español que gerenciaba la aerolínea. Con ello, una nueva identidad visual cerró la etapa iniciada a fines de los años setenta.
Vista en perspectiva, la transformación de 1978 no fue únicamente un cambio de pintura. Fue la cristalización de un momento histórico en el que Austral Líneas Aéreas intentó encauzarse y distinguirse ante el público. En esa búsqueda encontró una imagen que no solo acompañó la evolución técnica de la empresa, sino que terminó convirtiéndose en una de las representaciones más duraderas de su propia historia.
Más allá de su función técnica y estética, el denominado “Look 78” logró instalarse en la percepción pública. Para una generación de pasajeros, aeropuertos y ciudades del interior, aquella combinación de blanco, rojo y azul dejó de ser solo un esquema corporativo para convertirse en una imagen identificable del viaje aéreo moderno. La marca trascendió a la compañía, incorporándose al imaginario cotidiano del transporte y asociándose a una idea de progreso, velocidad y conexión territorial.
El diseño permaneció en servicio durante más de dos décadas, convirtiéndose en uno de los más reconocibles de la aviación comercial argentina. Su permanencia se explica tanto por su impacto visual como por su eficiencia operativa: era un esquema fácil de aplicar, escalable a distintos tipos de aeronaves y consistente con las necesidades de una flota heterogénea en constante transformación. La imagen descripta sobrevivió a la intervención estatal, a la privatización de la empresa —en manos de Enrique Eurnekian— y a los primeros años de la gestión de Iberia. También fue la utilizada por el avión que participó en los días del Conflicto del Atlántico Sur, LV-OAX.
La última aeronave a la que se le aplicó el esquema fue el LV-WJH. Posteriormente, la imagen corporativa fue reemplazada a partir de 1995, en el contexto de la reestructuración del sistema aerocomercial argentino y la redefinición del control accionario del grupo español que gerenciaba la aerolínea. Con ello, una nueva identidad visual cerró la etapa iniciada a fines de los años setenta.
Vista en perspectiva, la transformación de 1978 no fue únicamente un cambio de pintura. Fue la cristalización de un momento histórico en el que Austral Líneas Aéreas intentó encauzarse y distinguirse ante el público. En esa búsqueda encontró una imagen que no solo acompañó la evolución técnica de la empresa, sino que terminó convirtiéndose en una de las representaciones más duraderas de su propia historia.
Entrega previa: Una explosión de colores.
Próxima entrega: Vestidos de Iberia.
Agradecimientos: El Litoral, Juan Carlos Rodíguez, Gustavo Fajardo, Pablo Cepero, Patricio Seidel, & Cristian Volpati.



