17 septiembre 2015

Mi visita a la Fundación Infante de Orleans

     Hablar de la Fundación Infante de Orleans es hablar de “Caballeros del Aire”. No sé si sus miembros se ven a sí mismos como tales, pero en los dos días que compartí con ellos, es la impresión que me generaron.
     Mi primer contacto vía mail, lo tuve con Pedro Valle, uno de los tres hermanos Valle que participan de la Fundación, los otros dos son Manuel y Carlos, el presidente de la misma.
Otro destacado miembro, es Jaime Larrea Ruiz, comandante retirado de Iberia que vuela “la Moth”. Digo “la” porque a diferencia nuestra, que nombramos a todos los aviones a través de género masculino, en España suele utilizarse el género femenino para los aviones livianos.
     A Jaime se le asignó la tarea de llevarme y traerme del hotel al aeródromo los dos días que estuve por allí, tarea a la que no estaba obligado ni él ni la organización, pero que es una muestra más de la calidez y don de gente de él y de los demás miembros de la Fundación.
     El día sábado asistí a la “práctica”, en la cual los pilotos practican en el avión que van a volar en la exhibición, a fin de mantenerse “habilitados” y entrenados en los mismos.
     Tanto la “práctica” como la “exhibición” se inician con un Briefing en el cual se detallan cuáles van a ser las rutinas a ejecutar, se verifica la vigencia de la documentación y se reafirman las normas de seguridad.
     En esos briefings, la veintena de pilotos que participa, acumula más de medio millón de horas de vuelo…
     Más tarde, Manuel Valle me proveyó de un chaleco reflectante que me permitió ir y venir, con libertad y seguridad, sobre la plataforma y hangares registrando todo en fotografía y vídeo.
     Durante la exhibición, el aeródromo se cierra a otros tráficos. La mayoría de las aeronaves despega de la pista de asfalto, excepto “la Moth”, que tiene patín de cola en vez de rueda, y despega de una pista de césped en el centro del campo, lateral la pista principal.
      El día de la exhibición, Jaime Larrea tuvo otro gesto de “consideración” hacia mí. Me asignó al equipo que asiste a “la Moth”, con lo cual logré un sitio de privilegio para disfrutar de los vuelos.
     La exhibición la inician los aviones más lentos. Todos vuelan rutinas y circuitos prefijados. Luego, la mayoría aterriza en la pista de césped, dejando el eje de la pista de asfalto libre para las siguientes aeronaves de la secuencia.
       Ambos días también pude compartir el almuerzo con estos “caballeros”, donde acumulé información, análisis y anécdotas de pilotos con mucha experiencia, y sobre todo, amor por lo que hacen. Otro de “los privilegios” que disfruté ese fin de semana que quedará para siempre grabado en mi memoria.


Ricardo Ohoka (H)