27 septiembre 2021

Asoma el “Tiger Moth” en Uruguay

En Jul2005, se creaba oficialmente la Asociación Amigos del Museo Aeronáutico. Desde dos años antes, en nuestras reuniones “informales” sabíamos que el viejo fuselaje del de Havilland DH-82A “Tiger Moth” iba a merecer todos nuestros esfuerzos, para lograr una restauración para la muestra estática del Museo Aeronáutico Cnel. (Av.) Jaime Meregalli de Montevideo – Uruguay. Sería: “La Madre de Todas las Restauraciones”.
El entonces fuselaje, su tren principal, tanque de combustible, el motor, junto a una carbonizada hélice eran los únicos elementos del aparato que habían sobrevivido al fatal incendio de 1997. Además era el único ejemplar de los doce que llegaron al Uruguay directamente a su fábrica en Inglaterra en 1935 y que arribaron al año siguiente.
Un biplano, dos tripulantes, avión polivalente, derivado del “Gipsy Moth” motor de cuatro cilindros, primer ejemplar de la fábrica con “alas en flecha”, 30 grados y con un concepto para la época de “multi rol”. Era capaz de brindar la función de observador, fotográfico, bombardero, pero también podía enseñar a volar, así, cumplieron servicio en la “Aeronáutica Militar” por casi 20 años.
Sin contactos, sin conocimientos de casi ningún tipo, sabíamos que para llegar a una restauración medianamente decente debíamos comenzar con información y una campaña intensa en el exterior para hacernos de partes que pudieron ayudar a los trabajos. Fue así que decidimos recurrir a la fuente principal: Inglaterra. Ver allí quién podía orientarnos. A través de la “gloriosa” internet descubrimos una revista: “The Moth Club” y su jefe editor. Un señor muy amable, nombrado por la Reina como “Sir” Stuart Mc Kay. ¡¡Le escribimos y nos contestó!! “Blue Print, difícil si no pagan, son caros. Partes puede ser, les publicaré un aviso en la revista y veremos que podemos pescar”. Nos dijo, y así fue.
Del aviso salió poco, nada más que unos alientos de fanáticos del avión, pero tuvimos una visita en el museo. Un neozelandés, quien se mostró interesado en el avión que teníamos tapado, y fue quien nos abrió las puertas que esperábamos. Él nos consiguió una tapa de cárter y la careta de la hélice. Él estaba trabajando en un avión junto a un grupo de entusiastas en Auckland. Nada más y nada menos que en un DH. “Mosquito”. Con un amigo en Sídney y un uruguayo tripulante de British Airways, logramos traer esas primeras partes. Otro amigo uruguayo que vivía en Sudáfrica nos consiguió los tableros. De Australia llegaron los primeros “Blue Print”. ¡¡Y gratis!! De los planos horizontales de cola, un amigo de Miami nos consiguió los planos de un DH-82C, (Se trata del mismo Tiger Moth pero con cabina cerrada, -versión Canadiense-). Una gestión personal del entonces General del Aire Enrique Bonelli, -entonces Cte. En Jefe de la FAU-, nos consiguió los cowling del motor en Chile. El Museo del Aire y del Espacio se ponía a trabajar para nosotros. Un amigo ingles en Francia, nos mandaba los vidrios para hacer los parabrisas. ¡Ya teníamos las medidas! Pero no estaba allí la parte que más dificultades nos traía. - Y la más cara-. El dichoso “lomo”. La parte del fuselaje que va desde la cabina trasera hasta el empenaje. Hasta que, de Canadá, otro amigo que trabaja para Bombardier, nos consiguió los planos que necesitábamos (Bombardier es la actual propietaria de los derechos intelectuales de la firma de Havilland).
Mientras tanto, nuestra Asociación continuaba trabajando en otros proyectos. Pero nos habíamos estancado en un tema. Teníamos un problema que más que un problema era un dilema: en el museo, hubo un intento fallido, años atrás, de restaurar un DH-86 “Gipsy Moth” y estaban sus alas: artesanales, pero estaban ahí. Nuestra duda era, con los “Blue Print” en la mano: ¿Tomamos las alas del “Gipsy?, ¿Las cortamos en flecha y se las ponemos al “Tiger” ?, ¿Desvestimos a un santo para vestir a otro?... Las alas habían comenzado a ser un impedimento importante. Sin conocimientos y sin mano de obra especializada que nos ayudara en forma gratuita. La cosa se complicaba, estábamos terminando un proyecto y debíamos comenzar otro. -¿Sería el turno del viejo “Tiger”?-.
Los planetas se alinearon. Un escueto e-mail salvador del hombre de la Reina Isabel, nos salvó la vida... O, mejor dicho, salvó la vida a las alas del “Gipsy”. El viejo “Sir” ingles estaba interesado en la marcha de nuestro avión y nos preguntó: “¿Tienen alas para el Tiger?” ... Mas rápido que corriendo le contestamos al hombre, “No señor, no tenemos alas, ¿tiene usted alguna sugerencia?” ... La respuesta no se hizo esperar... “Tengo un amigo en Sao Paulo (Brasil) que tiene un “Tiger”, sus alas no pueden volar más y mando hacer unas a Nueva Zelanda, está dispuesto a dárselas, con la condición de que vayan a buscarlas y sin ningún tipo de costo monetario para ustedes”.
¡Eureka! tenemos alas... Pero la pregunta no se hizo esperar: ¿Cómo las traemos?... Los planetas alineados nuevamente nos hacen llegar un e-mail del amigo neozelandés. Él nos contaba que en su taller estaba trabajando en las alas para un inglés que vivía en Sao Paulo y que pensaba donar las viejas alas a un grupo de muchachos en Uruguay... ¿No serán ustedes, no?... ¡¡Les mando los Struts, porque el inglés me dijo que los suyos no están incluidos en la donación!!
Los Struts inter alares llegaron primero, también en el paquete llegaron un conjunto de cubiertas, tazas y un spiner para la hélice con algunos instrumentos... Pero la duda de cómo hacíamos llegar las alas a Uruguay todavía persistía... Fuimos a hablar con la Fuerza Aérea y nos dijeron que a menos que un avión tuviera la necesidad expresa de ir a Sao Paulo por algún motivo, y que volviera vacío como para cargar las alas, era imposible ayudarnos... Las alas se nos “volaban” de las manos porque donde estaban no podían estar más, las habían dejado en el centro de mantenimiento de TAM en una pequeña ciudad llamada Sao Carlos, muy cerca de Pirassununga, ciudad que alberga la Academia Militar de Aeronáutica de la Força Aérea Brasileira.
Los Dioses Museísticos llegaron una vez más a salvarnos la vida... ¡¡Un helicóptero de la Aviación Naval del Uruguay debía viajar a Sao Paulo para que se le realizara un overhaul, ¡Golazo!... La Fuerza Aérea Uruguaya haría el traslado y a la vuelta volvería vacío, no se podía pedir más. Gestión mediante, conseguimos trasladar las alas del Centro de Mantenimiento de TAM a través de la Fundación Arruda Botelho directo a la Academia da Força Aerea Brasileira, nuestro Hercules de la FAU, pasaba por ahí y las alas llegarían...
Dieciséis años han pasado desde aquella primera misiva a don Stuart Mc Kay. Dieciséis años después, con una mudanza de locación, con un museo nuevo, nuestro viejo “Tiger” toma forma, el  25Sep2021 pasado se realizó la presentación de las primera partes. Solo nos queda pintar sus alas. El próximo sábado 2 y domingo 03Oct2021, se llevaran a cabo, lo que acá llamamos las “Jornadas del Patrimonio Cultural e Histórico del Uruguay”. Todos los museos abren sus puertas gratis, edificios estatales, bases militares, cuarteles, aeropuertos, palacio de las leyes, ministerios, casas históricas... La gente hace colas para ver y rememorar el pasado histórico del país, y nuestro Museo Aeronáutico no es menos en esto: mostraremos orgullosamente como en los últimos seis años logramos avances en nuestro viejo biplano. Si Dios permite, antes de fin de año, comenzará a ser parte de la muestra estática del Museo. Todo eso gracias a la increíble ayuda de gente de todo el mundo que nos ayudó desinteresadamente, que creyó en esta tribu de voluntarios que lo único que pretende es salvar el acervo y patrimonio histórico aeronáutico de nuestro país.
Las fotos que ilustran la nota son de mi autoría y reflejan solo una parte de todo el trabajo y el sacrifico realizado, con mucho orgullo y pasión.

Gracias a todos.
Wilman Fuentes.